VÍAS VERDES PARA VIAJAR AL PASADO

¿Es posible viajar por la Historia a lomos de una bicicleta? Sin duda. ¿Es posible llegar a la Edad Media (o al Imperio Romano, o al Renacimiento, o a…) caminando por una senda sin la compañía de vehículos a motor? ¡También!

La red de Vías Verdes de España, antiguas vías férreas recuperadas para un uso lúdico y turístico, permite conocer de forma activa los secretos de Spain Cultural Routes.

1. VIA VERDE DEL ACEITE

Ruta Caminos de Pasión a su paso por Córdoba (Andalucía)

La gente lo llamaba el ‘Tren del Aceite’ por una excelente razón: aunque sus vagones transportaron mineral y todo tipo materias primas, el ferrocarril se utilizó principalmente para llevar el ‘oro líquido’ desde los campos de Andalucía, en el sur de España, a los principales puertos marítimos y ciudades. Funcionó durante casi un siglo hasta que la falta de rentabilidad de la línea obligó a su cierre en 1985.

Aun así, la huella de este y otros ferrocarriles andaluces todavía puede sentirse en la totalidad del país: una de las razones por las que la cultura del aceite está tan arraigada en España (en tostadas de pan para desayunar por todo el país, en cremas frías como los gazpachos, en repostería de interior, en la preparación de pescados en todo el litoral…) se debe, precisamente, al auge del tren en el siglo XIX que llevó el zumo de oliva a todos los rincones, desplazando de las cocinas otros productos como la mantequilla o la manteca.

En la actualidad, parte del tendido de la Vía Verde del Aceite ha sido convertido en un sendero de 120 kilómetros para bicicletas y caminantes que recorre el corazón geográfico (y sentimental) de Andalucía. Nace junto a Jaén, muere a pocos kilómetros de Puente Genil y, como es de esperar, es raro el kilómetro del paisaje que no cuente con el árbol más emblemático de Andalucía: el olivo.

Uno de los tramos más estimulantes de la Vía Verde discurre a través de los pueblos monumentales de Baena, Cabra y Lucena, todos en la provincia de Córdoba, todos etapas de la ruta Caminos de Pasión. Son apenas una treintena de kilómetros, siempre al abrigo de los macizos del Parque Natural de las Sierras Subbéticas y a través del característico paisaje rural del sur de España: decenas, cientos, miles de olivos que parecen desfilar con disciplina militar.

El imprescindible: Pasear por el barrio de La Almedina de Baena (importante: lleven calzado cómodo) en busca de sus principales monumentos del pasado árabe como el castillo (que será fácil de encontrar) o los dos emblemáticos arcos, el de la Consolación y el Oscuro, de su antigua muralla. Convendrá cansarse y gastar energía para luego enfrentarse a deliciosos platos de gastronomía baenense como el revoltillo o el carnerete.

2. VIA VERDE SENDA DEL OSO

Ruta Caminos de Arte Rupestre Prehistórico (Asturias)

En su primera y atrevida película titulada “Acción Mutante” (1992), el director español Alex de la Iglesia retrató un planeta que era, en su totalidad, una gran colonia minera. Lo bautizó como ‘Planeta Axturiax’ en homenaje a la que, históricamente, ha sido la región española más vinculada a la extracción de mineral, Asturias, situada en el noroeste del país.

En el imaginario español, Asturias es eso y algunas cosas más: un lugar que encierra partes fundamentales de la Historia del país, desafiantes murallas montañosas, prados verdes que mueren junto al mismo mar, quesos de sabor inolvidable (¿han oído hablar del de Cabrales?) o una tradición gastronómica famosa por su calidad y, también, su cantidad: las contundentes raciones asturianas despiertan respeto en todo el país.

La Vía Verde Senda del Oso recoge todos estos ‘greatest hits’ asturianos y recorre los pasos de uno de los muchos ferrocarriles de vía estrecha que se construyeron en el territorio para dar salida a millones de toneladas de mineral.

¿Por qué su nombre, sin embargo, hace referencia a los ‘osos’? Porque Asturias es un territorio extraordinariamente montañoso, biodiverso, geográficamente muy accidentado y con numerosos espacios naturales apenas modificados por el ser humano (y muy protegidos en la actualidad) lo que ha posibilitado que sea un santuario para la supervivencia del oso pardo.

El secreto: Estos mismos paisajes sirvieron de vivienda (y de taller artístico) para nuestros antepasados que nos legaron tesoros como la Cueva de la Lluera, con una de las más extensas y completas selecciones de grabados paleolíticos de Europa. Los habitantes (y artistas) del lugar escarbaron en paredes iluminadas por luz natural (tal vez por vanidad no quisieron esconder sus obras de arte en el interior de una cueva) una hermosa representación de caballos, uros, ciervos y bisontes. La Cueva de la Lluera es una de las paradas obligatorias en la Ruta del Nalón Rupestre de Caminos de Arte Rupestre Prehistórico. 

3. VÍA VERDE RUTA DE LA PLATA

Ruta Vía de la Plata a su paso por las provincias de Cáceres (Extremadura) y Salamanca (Castilla y León)

Qué visión la de los romanos. Ellos fueron los primeros en ver la importancia estratégica de un eje en el oeste de la Península Ibérica, de la necesidad de unir el puerto fluvial de Sevilla, en Andalucía, con Gijón, en el otro extremo del territorio, a orillas del mar Cantábrico. Así nació la Vía de la Plata que, a diferencia de otras vías romanas de la antigua Hispania, su trazado no se ha extinguido y sigue siendo recorrida, todavía en la actualidad, por modernas carreteras y autovías.

También hubo una vía férrea (el ferrocarril Vía de la Plata) nacida a finales del siglo XIX siguiendo la senda iniciada por los romanos pero la mayoría de sus tramos no están en funcionamiento.

En uno de ellos, acaso uno de los más afortunados, se recuperó su uso para caminantes y ciclistas, entre Casas del Monte (provincia de Cáceres, en la comunidad de Extremadura) y Béjar (provincia de Salamanca, en Castilla y León). Son casi 40 kilómetros de recorrido gozoso y casi llano (recordemos que las Vías Verdes nunca tienen pendientes superiores al 7% de desnivel pues los trenes que las recorrían no eran capaces de enfrentarse a ellas) por algunos pueblos y parajes más afortunados.

Dos ‘tips’ obligatorios: El bello pueblo de Hervás, abrazado a un risco de la Sierra de Béjar, con un excelente abanico de edificios monumentales pero, sobre todo, con una antigua judería de callejuelas estrechas y una trama urbana en la que (afortunadamente) olvidaron utilizar escuadra y cartabón. Unos pocos kilómetros al norte de Hervás se encuentra Baños de Montemayor, cuyo balneario lleva ‘funcionando’ más de 2000 años: todavía pueden verse parte de las instalaciones de las antiguas termas romanas. En Baños hay, también, una reconstrucción de una antigua calzada romana y el Centro de Interpretación General de la Vía de la Plata.

 

4. VIA VERDE SANTANDER-MEDITERRÁNEO

Rutas de Carlos V a su paso por la provincia de Burgos (Castilla y León)

El emperador Carlos V habría puesto sobre la mesa todo el oro del mundo (y se puede afirmar que éste vio pasar mucho oro por delante de sus narices) para, en alguno de sus viajes por España, haber gozado de las comodidades de un trayecto en tren.

Fue una pena que naciera 300 años antes de que esa tecnología se desarrollara. De hecho, el ferrocarril Santander-Mediterráneo (construido durante el siglo XX pero nunca finalizado) le hubiera venido más que bien en uno de los viajes más importantes de su vida: aquel en el que, tras navegar desde Flandes, desembarcó en Laredo y cruzó la Península Ibérica hasta el lugar en el que pasaría sus últimos meses de vida, el monasterio de Yuste, en Extremadura.

De aquella línea férrea quedan decenas de kilómetros de vías abandonadas, algunas de las cuales han sido reconvertidas en Vías Verdes. Uno de los tramos recuperados parte de Burgos hacia la provincia de Cantabria (en el norte) y comprende casi 50 kilómetros que, en su mayoría, coinciden con el trayecto que siguió el emperador en una de las Rutas de Carlos V.

La Vía Verde atraviesa cómodamente el corazón de la Merindad del Río Ubierna, un conjunto de apacibles localidades, repartidas en varios valles paralelos, en las que destaca una de nombre sonoro, Hontomín, pues en ella pernoctó Carlos V el 12 de octubre de 1556. De aquella visita se conserva la fachada del edificio en la que durmió, agotado, anciano y desdentado, el “señor de dos mundos”.

La curiosidad: Hontomín es un pueblo modesto que juega un singularísimo papel geográfico pues se encuentra en el límite de dos cuencas hidrográficas. En función de la parte del pueblo en el que caigan las gotas de lluvia, éstas irán a parar al río Ebro (que desagua en el Mediterráneo) o al río Duero, que lo hace en el Océano Atlántico, por Oporto, en Portugal.

 

5. VÍA VERDE OJOS NEGROS

Ruta del Camino del Cid a su paso por la provincia de Teruel (Aragón), Castellón y Valencia (Comunidad Valenciana)

Puede que tenga uno de los nombres más bellos que jamás se le puso a un ferrocarril; puede que recorra algunos de los paisajes españoles que mejor evocan la estética de los clásicos del Western; puede que este mismo sendero sirviera para que decenas de guerreros medievales nacidos en el interior de España vieran, por vez primera en sus vidas, el horizonte dibujado por el mar. Se llama la Vía Verde Ojos Negros (tomado del pueblo en el que comenzaba la línea) y conecta las entrañas de Aragón (un paraje de apariencia esteparia que, en invierno, puede a alcanzar los 25°C bajo cero y, en verano, superar los 30°C con frecuencia) con el mar Mediterráneo.

Es difícil resumir sus encantos porque la Vía Verde Ojos Negros es la más larga de España con casi 170 km de longitud. Recorre estepas, atraviesa puertos de montaña y bosques, burla barrancos y evita con elegancia muchos de los pueblos pues, al ser un ferrocarril minero, no tenía que parar a recoger o dejar viajeros.

La ruta histórica y medieval del Camino del Cid de Cultural Routes in Spain aprovecha varios tramos de este largo sendero perfectamente señalizado para abrirse paso hasta el mar. Esta circunstancia recuerda el periplo de aquellos fieles al Cid, procedentes de tierras de castillos y campos de secano, que lograron llegar hasta el Mediterráneo y descubrieron la magia del agua salada, las playas y el mar.

El misterio: El de Cella y su pozo artesiano. ¿Pozo artesiano? Se trata de un gran boquete excavado en el suelo por el que mana un caudal continuo de agua cuyo origen exacto se desconoce. Antes de su construcción el siglo XII, Cella recibía sus aguas gracias a un complejo sistema de canales excavados en roca construido por los romanos. Por ello mismo, porque donde hay agua suele haber alimento y abrigo, el Cid reunió a sus tropas en el siglo XI para preparar la conquista de Valencia.

 

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